miércoles, 7 de julio de 2010

The sound of music

Ya, ya sé que no estoy escribiendo mucho, pero ¡es que estoy de vacaciones, leñe! No obstante, reconozco que todo informador consagrado se debe a sus lectores, así que heme aquí dispuesto a relataros las últimas novedades de la ciudad que nunca duerme.
El título de este post está relacionado con la música que inunda Nueva York por doquier. ¿Queréis saber de qué canciones hablo? Pues aquí tenéis el Top-5:
#5: Las palomas. Fernando las llama los bichos del infierno. Están por todas partes. Sin ir más lejos, en el minúsculo y tétrico patio de ¿luz?, y foco de septicemia, al que da nuestra habitación, se han instalado de manera permanente tres o cuatro de ellas. Además de ornamentar con sus excrementos tanto los cristales como el alféizar de la ventana, se dedican, todas las mañanitas, a arrullar hasta la desesperación... de Fernando, que yo duermo con tapones. En los oídos, guarras.
#4: Las concentraciones de americanos. Es proverbial lo que le gusta a esta gente gritar cuando algo es de su agrado: con los fuegos artificiales del 4 de julio (uno que estaba detrás de mí no paraba de chillar "yes..., yes..." como si estuviera siendo salvajemente penetrado), con la actuación de unos saltimbanquis hiphoperos y caraduras en Bethesda Terrace, con un pizzero volteando la masa en el aire... con lo que sea. Luego, eso sí, vuelven a convertirse en las personas reservadas y educadas que, se supone, deben ser (anécdota ilustrativa al respecto: una chica española que trabaja en la NYU estaba explicando a Fer y a Diana, con la soltura que nos caracteriza, el funcionamiento de un microscopio. Pues bien: los americanos que comparten laboratorio con ellos estaban convencidos de hallarse ante una discusión terrible. Tuvieron que explicarles que no, que es que nosotros hablamos así).
#3: Los pedigüeños del metro. Raro es el día en que no te encuentras a dos o tres de ellos. Ya sea cantando (en solitario o a coro, a capella o con acompañamiento instrumental) o simplemente lamentándose a grito pelado de lo mal que les ha tratado la vida y de lo bien que estamos nosotros, por lo que tenemos la obligación de socorrerles, estos animadores del subsuelo se buscan las habichuelas ante la absoluta indiferencia de los neoyorquinos. ¡Pobres de ellos, si no existiéramos los turistas!
#2: Los camiones. Sí, ya sé que hay mucho tráfico y que todo él contribuye a la banda sonora de Nueva York. Pero lo de los camiones (esos camionarros de película, enormes y llenos de luces) es algo que clama al cielo. No solo están presentes las veinticuatro horas del día: es que, además, si al camionero de turno le apetece soltar un bocinazo a las 4 de la mañana, pues lo suelta y se queda tan tranquilo. Para colmo, van circulando por la ciudad con la misma velocidad que lo hacen en las highways. Unos impresentables.
#1: Los ventiladores, aires acondicionados y sistemas de refrigeración varios. Y es que estamos en plena ola de calor. Aquí, en casa, los tenemos enchufados durante todo el día, y abres la ventana a cualquier hora y lo que se oye, por encima de todo lo demás, son los motores de estos sistemas antilipotimias. Nosotros, para poner nuestro granito de arena en la BSO de esta maravillosa ciudad, hemos comprado uno para nuestra habitación y lo hemos instalado solitos. Creo que es la instalación de A/C más cutre de la historia. Aquí os dejo la imagen para que vosotros mismos decidáis si tengo o no razón.

Y esto es todo por ahora, amiguitos. Un beso y hasta pronto.

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