lunes, 12 de julio de 2010

Alice in Wonderland

Aquí estoy de nuevo, pacientes y sufridos seguidores de este blog guadiánico. Quiero comenzar esta nueva entrada entonando un mea culpa por no haber sabido (o querido) trasladaros los sentimientos positivos que esta ciudad de ciudades me provoca. Es cierto todo cuando hasta ahora he relatado: es ruidosa, olorosa e incómoda. Pero no es menos cierto que es única y maravillosa (tonto sería si me viniera a pasar un mes y medio aquí con el firme propósito de criticarla). Para bien o para mal, Nueva York no deja indiferente a nadie, y yo soy uno más de los muchos millones de personas que han decidido obviar sus aspectos menos encomiables con la finalidad de disfrutar de los muchos, interminables encantos que ofrece. ¿Que importa que tenga que recorrer, cargado de bolsas como una burra, siete calles y una avenida (casi un kilómetro, y con cuestas) para comprar en el único supermercado con precios asumibles por un funcionario con el sueldo rebajado si a cambio puedo ir a escuchar (¡gratis!) a la Filarmónica de Nueva York interpretando el Bolero de Ravel mientras hago un pícnic en pleno Central Park? ¡Ah, queridos entierraextrañeros, esa es la grandeza de Nueva York! Por cierto, ya que os hablo del pícnic, quería comentar una de las más extendidas aficiones de los neoyorquinos: comer. Donde sea y cuando sea, comer y más comer: en el metro, en el trabajo, en la calle, en los museos, en los parques... Como muestra de esta información, os pongo el enlace a un vídeo que he colgado en YouTube en el que una señora exoftálmica (con un rostro a medio camino de Bette Davis y Veronica Cartwright) que estaba a nuestro lado en el concierto come compulsivamente. Es cierto que, por la brevedad de la grabación, no se aprecia cuanto digo, pero os puedo asegurar que estuvo comiendo durante más de una hora, y a cada palada que se metía en la boca daba la impresión de que se le salían más los globos oculares.

Buchona jalando


Pero me he adelantado mucho. Quería haceros un resumen de lo que he hecho esta semana y me he puesto a hablar de lo que ocurrió ayer mismo. Así que vamos por partes. El viernes fui a visitar la Hispanic Society of America, un edificio imponente pero, lamentablemente, falto de nuevas inversiones, y en el que se alojan los famosos murales que Sorolla realizó y que estuvieron expuestos el año pasado en El Prado. Además de estas obras impresionantes (¡una está dedicada a Elche!), también posee cuadros de El Greco, Velázquez y Goya, entre otros. En fin, un sitio de obligada visita para los españoles, más que nada para ver si los sponsors ven que hay movimiento y se animan a poner un poquito más de pasta, que en la sala de Sorolla hay un tubo fluorescente medio moribundo (ya sabéis, uno de esos tubos porculeros que se encienden y apagan constantemente) y, horror de horrores, no hay aire acondicionado en todo el edificio, por lo que, entre el calor y mi incipiente climaterio, los chorros de sudor me salían a borbotones impidiéndome disfrutar de tan magníficas obras de arte. Una pena.
El sábado fuimos a ver The Cloisters, una suerte de parque temático del medievo (europeo, claro) situado en un paraje idílico situado al lado del río Hudson, Fort Tryon, al que hay que llegar atravesando un barrio bastante deprimido en el norte de Manhattan. Bueno, también puedes ir en taxi, claro, pero os recuerdo que somos pobres. Cuando regresábamos a coger el metro, me caí por las escaleras de acceso, dando una vuelta de campana y todo (¡qué torpes nos hace la vejez!). No, no me hice nada, pero fue spectacular, spectacular.
Y el domingo, por supuesto, fue el día de la final de fútbol. Un buen número de españoles nos juntamos en la calle 14, llegando a paralizar el tráfico y todo. La verdad es que la policía se portó bastante bien, sobre todo si se compara con la actitud que las fuerzas del orden público tuvieron con los celebrantes en España. Por lo visto, la consigna que les dan a los polis neoyorquinos es ser amables con los turistas, porque, si no, no se entiende que este policía-armario que os muestro a continuación se mostrara tan solícito a la hora de posar junto a nosotros.

Advierto a las salidillas que lean este blog que si, tras la turbadora visión de semejante agente, deciden venirse a Nueva York a delinquir como locas con el fin de ser detenidas y cacheadas, que se olviden, que este es la excepción: la mayoría están sebosos de dónuts y burgers, como los de España.
Y nada más por ahora. Os dejo, que me voy al gym a ver si pongo un poco de orden en mis lorzas. Un besito y hasta la próxima.
Lo olvidaba. Mayte, desde Almería, se queja de que incluyo pocas fotografías espectaculares en este vuestro blog. Pues aquí tenéis el grano que le salió la semana pasada a Fernando. Además, aderezadito de mierda y contaminación tras recorrernos todo Nueva York para llegar a Fort Tryon. De nada.

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